El matchmaking en eventos parte de una idea bastante sencilla: tener cientos de asistentes en un mismo espacio no significa necesariamente que las personas adecuadas vayan a encontrarse.

Puedes reunir a 2.000 profesionales, reservar una hora de networking y preparar el mejor coffee break del mundo. Pero si alguien busca distribuidores para entrar en un nuevo mercado y termina hablando durante veinte minutos con alguien que no tiene nada que ver con su objetivo, algo ha fallado.

Porque hacer networking no consiste en intercambiar cuantos más contactos mejor: se trata de conseguir que las conversaciones que ocurren durante el evento tengan sentido para quienes participan. Y ahí entra el matchmaking: utilizar información sobre los perfiles de los asistentes, sus intereses y sus objetivos para reducir parte del azar y aumentar las posibilidades de generar conexiones relevantes. Pero… ¿cómo funciona exactamente? ¿Y qué diferencia un buen sistema de matchmaking de una agenda llena de reuniones sin demasiado criterio? ¡Sigue leyendo para no perdérselo!

¿Qué es el matchmaking en eventos y cómo mejora el networking?

El matchmaking en eventos es un sistema que permite conectar asistentes teniendo en cuenta determinados criterios de compatibilidad, como su sector, perfil profesional, necesidades o aquello que buscan y pueden ofrecer. La diferencia respecto al networking más espontáneo está principalmente en lo que pasa antes de la conversación.

En un espacio de networking tradicional, los asistentes deciden con quién hablar sobre la marcha. Esto también tiene valor y no debería desaparecer: algunas de las mejores conversaciones de un evento empiezan precisamente de manera inesperada.

El matchmaking no pretende sustituirlas. Lo que hace es reducir el azar cuando existe un objetivo concreto de networking.

Imagina, por ejemplo, un evento B2B con compradores, proveedores e inversores. En lugar de esperar que cada asistente encuentre por casualidad a los perfiles que le interesan, el planner puede recopilar previamente información sobre qué busca cada uno y utilizarla para proponer reuniones 1to1 con mayor afinidad.

Así, el networking pasa de: “A ver con quién consigo hablar” a “Estas son las personas con las que puede tener sentido que hable”. Y ese pequeño cambio es importante. Especialmente en eventos donde una parte relevante del valor percibido depende de las oportunidades de negocio y de las conexiones entre asistentes.

Los sistemas actuales de matchmaking trabajan precisamente con perfiles, necesidades y objetivos previamente recopilados para estructurar los encuentros, en lugar de dejar toda la interacción al azar.

¿Cómo funciona el matchmaking en eventos?

Aunque cada evento puede plantearlo de una manera diferente, un proceso de matchmaking para eventos suele seguir una lógica bastante clara:

Perfil → Preferencias → Match → Agenda → Reunión → Feedback

Y lo interesante es que el trabajo empieza bastante antes de que los asistentes lleguen al venue.

1. Recopilar información sobre los perfiles

Todo empieza en el registro. Además de los datos básicos del asistente, el formulario puede recoger información que después ayude a construir mejores conexiones: sector, cargo, intereses, objetivos o incluso qué puede ofrecer a otros participantes.

2. Cruzar intereses, preferencias y reglas

Con esa información, un software de matchmaking puede cruzar los perfiles y detectar afinidades según los criterios definidos para el evento.

Aquí hay una diferencia importante: no se trata simplemente de encontrar personas “parecidas”. En algunos eventos, precisamente interesa lo contrario.

Un comprador puede querer conocer proveedores. Una startup, inversores. Una empresa que busca internacionalizarse, distribuidores de determinados mercados. Por eso, además de los intereses de los asistentes, el planner puede establecer reglas sobre quién puede reunirse con quién, aplicar segmentaciones o bloquear determinadas combinaciones.

3. Construir la agenda de reuniones

Una vez identificadas las posibles conexiones, llega uno de los puntos que más trabajo puede generar si se hace manualmente: convertirlas en una agenda de reuniones viable. Hay que cruzar preferencias, disponibilidad, horarios, espacios y posibles incompatibilidades.

Con un sistema de matchmaking automático, buena parte de este proceso de networking puede organizarse desde la plataforma para generar una pre-agenda de reuniones. Después, el planner puede revisarla, hacer cambios y mantener el control antes de publicarla.

Y esto es importante: automatizar no significa perder capacidad de decisión. Al final, la tecnología puede encargarse de resolver el puzle operativo; el organizador sigue definiendo las reglas del juego. De hecho, las plataformas especializadas como Meetmaps permiten combinar asignaciones automáticas con ajustes manuales de horarios, participantes o ubicaciones.

4. Facilitar las reuniones durante el evento

Cuando llega el día del evento, cada asistente puede consultar su agenda personal con las reuniones programadas, horarios y espacios asignados. Si hay cambios, estos pueden actualizarse en la agenda automáticamente, evitando tener que gestionar modificaciones entre excels, emails y mensajes de última hora.

Además, las reuniones de networking pueden realizarse presencialmente o, dependiendo del formato del evento, mediante videollamada. La tecnología aquí debería hacer algo no muy espectacular, pero sí muy importante: que nadie tenga que preguntarse dónde tiene que estar, con quién y a qué hora.

5. Medir qué ha ocurrido después

Aquí está una de las grandes diferencias entre organizar networking o habilitar un espacio para que ocurra. Si el proceso está digitalizado, el planner puede analizar posteriormente los datos y métricas para saber qué ha pasado con las reuniones propuestas: cuántas se han solicitado, aceptado, realizado o rechazado, dónde ha habido no-show y qué valoración han recibido.

Esto permite convertir el networking en algo medible y utilizar los resultados para ajustar las reglas de matchmaking en próximas ediciones. Las plataformas de este tipo ya permiten hacer seguimiento de solicitudes, aceptaciones, reuniones realizadas y ausencias.

¿Cómo conseguir un matchmaking en eventos realmente efectivo?

Automatizar el proceso ayuda, pero tener un algoritmo no garantiza por sí solo un networking de calidad. De hecho, un matchmaking puede estar técnicamente muy bien configurado y aun así generar reuniones poco relevantes. Hay cuatro aspectos que marcan especialmente la diferencia:

1. La calidad del match empieza por los datos

Hay una regla bastante sencilla: Perfil pobre = recomendación pobre.

Si solo sabes que Carlos trabaja en “Marketing” y Laura en “Tecnología”, tienes muy poca información para decidir si deberían conocerse.

Cuanto mejor entiendas qué busca cada asistente, qué ofrece, cuáles son sus intereses o qué objetivo tiene al asistir, más criterio tendrá el sistema para proponer conexiones.

Por eso, el diseño del formulario de registro forma parte del matchmaking. No es un proceso separado. Eso sí: tampoco se trata de convertir la inscripción en una entrevista de veinte minutos. La clave está en preguntar aquello que después vas a utilizar para generar mejores conexiones.

2. No todos tienen que poder reunirse con todos

Más posibilidades no siempre significan mejor networking. En determinados eventos B2B puede tener mucho más sentido establecer relaciones del tipo:

Compradores ↔ Proveedores

Startups ↔ Inversores

Recruiters ↔ Candidatos

que permitir cualquier combinación posible.

El planner puede definir estas reglas, segmentar participantes e incluso utilizar blocklists cuando existan perfiles que no deban cruzarse.

Esto reduce solicitudes irrelevantes y permite diseñar el networking según los objetivos reales del evento, una práctica que también recomiendan las plataformas especializadas en matchmaking B2B.

3. Deja espacio para decidir

El matchmaking debería ayudar a tomar decisiones, no tomarlas todas por el asistente. Una recomendación puede tener mucha afinidad sobre el papel y no resultar interesante para una de las dos partes. Por eso es útil combinar la automatización con mecanismos de preferencias, solicitudes o aceptación de reuniones.

Lo mismo ocurre desde el lado del planner. El sistema puede generar una pre-agenda, pero el planner debería poder revisar determinadas reuniones, ajustar horarios o intervenir cuando sea necesario.

4. Mide calidad, no solo cantidad

“Se han realizado 243 reuniones.” Suena bien. Pero, por sí solo, dice bastante poco. Para entender si el matchmaking realmente ha funcionado, conviene mirar algunas métricas de networking con algo más de contexto:

Métrica

Qué te ayuda a entender

Reuniones solicitadas

Nivel de interés inicial

Reuniones realizadas

Actividad real de networking

Tasa de no-show

Compromiso con las reuniones

Valoración de las reuniones

Calidad percibida por los participantes

 

Del networking improvisado al networking con intención

El matchmaking en eventos no consiste en eliminar la espontaneidad ni en decidir mediante un algoritmo con quién tiene que hablar cada persona. Consiste en diseñar mejor las condiciones para que las conexiones importantes tengan más posibilidades de ocurrir.

Recoger los datos adecuados. Entender qué busca cada perfil. Definir reglas. Proponer conexiones. Organizar las reuniones. Y, finalmente, medir si realmente han aportado valor.

Porque si el networking es uno de los motivos por los que tus asistentes acuden al evento, dejarlo completamente al azar quizá no sea la mejor estrategia.

Con Meetmaps puedes gestionar el proceso de matchmaking B2B, desde la recogida de preferencias y la generación de reuniones hasta la creación de agendas y el seguimiento de resultados, manteniendo el control sobre las reglas y la organización.

¿Quieres ver cómo funcionaría en tu próximo evento? Pide una demo y descubre cómo diseñar conexiones de calidad entre tus asistentes.